Arboricultura Urbana y Paisajes S. de R.L. y C.V.  
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Artículos de Interes

 

MANIFIESTO DEL ÁRBOL URBANO
Diana Marchal

Soy un árbol. 
No, perdón, soy un árbol urbano.
Si fuera tan solo un árbol, viviría en un bosque, o en una selva,
y entonces mi vida estaría íntimamente ligada
a los ciclos de la vida.

Pero soy un árbol urbano.

Me trajeron a la ciudad, porque querían disfrutar
de mi hermosura, de mi sombra.
Dicen que produzco oxígeno, que a ellos les es indispensable,
y que para mí es sólo parte de un proceso maravilloso
de respirar, producir azúcares en mis células
gracias a la luz solar, que me hacen vivir,
y emitir agua y ese precioso oxígeno,
que da sentido a uno de los ciclos de la vida.
Sé que les doy muchas otras cosas preciosas,
que filtro impurezas del aire que a ellos les son nocivas,
que mis raíces evitan la erosión del suelo,
que reduzco el calentamiento de la atmósfera,
que mi follaje controla la contaminación por ruido,
que les doy sombra, frescura y belleza,
que les gusta descansar, jugar y abrazarse
debajo de mis ramas.

Pero no es fácil vivir en la ciudad.
Me plantaron en una que llamaron “reforestación”.
Nadie se preocupó de mis necesidades
ni las de mis hermanos.
De cada diez que plantaron, siete de nosotros murieron
por falta de riego y de atención.
Yo sobreviví, pero mi tronco se ha ensanchado,
y apenas quepo en la pequeña cepa que abrieron para mi.
El cemento empieza e encarnarse en mi corteza,
y pronto lastimará  mi parte más delicada,
que ellos llaman “cambium”.
Es por donde sube el agua y las sales minerales que absorbo,
y se distribuye el nutritivo alimento que produzco en mis hojas.

Mis raíces no tienen mucho de dónde proveerse:
Trataron de abrirse espacio en medio del suelo compactado,
y encontraron que abajo había sólo cascajo.
Me hace falta agua, y trato desesperadamente de encontrarla,
pero me acusan de meterme en sus tuberías y en sus cisternas.
Como me hace falta aire, levanto discretamente el cemento
que ellos colocan sobre mis raíces –
Bueno, a veces no muy discretamente, pero las cortan
tan pronto como pueden, y reparan las banquetas.
No se dan cuenta que me dejan sin anclaje,
y que puedo convertirme en un peligro para ellos.

Lucho contra otros hermanos,
a los que han plantado demasiado cerca de mí,
en otra “reforestación”.  Es que a ellos les gusta hablar
de los millones de árboles plantados.
Cada uno de nosotros trata de crecer lo más rápido posible
para ganar luz, espacio y aire,
pero hay algunas especies que nos llevan la delantera.
Ganan los altos, aunque crezcan delgados y débiles,
y los demás nos quedamos chiquitos,
inclinados hacia la luz, que es nuestro objetivo.
 
Pero cuando crecemos mucho, les estorbamos.
Es que nunca se imaginan cómo vamos a ser cuando crezcamos.

Dicen que les tapamos la luz, que les tiramos basura.
Si supieran que nuestras hojas no son basura,
sino otro material orgánico más, de otro ciclo de vida.
Dicen que vamos a ocasionar un corto circuito
cuando nuestras ramas lleguen a los cables de luz.
Los cables ya estaban ahí cuando nos plantaron,
Y no pudieron calcular que un día los alcanzaríamos.

Y entonces, dicen que nos podan.
En realidad, nos mutilan de la forma más vil que pueda existir:
Nos quitan la punta de nuestras ramas,
que es nuestra parte más vigorosa.
Entonces ya no sabemos hacia dónde crecer,
y lo hacemos en forma desordenada.
Pero lo que es peor, nos dejan sin hojas,
que son nuestras fábricas de alimento,
y en ocasiones morimos de inanición.
Hay hermanos tan fuertes, que consiguen echar un rebrote.
No por un vigor renovado, sino por un mero afán de sobrevivencia.
Y ellos piensan que nos han hecho un bien con su poda.
Últimamente les ha dado por “podarnos” al revés,
dejando nuestro tronco desnudo, sin ramas,
y un ridículo copete en la punta.
Tal vez nos haga menos daño que el desmoche,
pero afecta nuestra estructura y nos desequilibra.

A veces, cuando tapamos con nuestro follaje
algo que a ellos les es precioso, como el nombre de una tienda,
o un gran anuncio publicitario,
destrozan nuestras ramas y las dejan ahí, colgando.
Dicen que hay leyes contra eso,
pero en realidad nadie hace nada para evitarlo.
Dicen que hay leyes que nos protegen,
pero son sólo palabras, que se pronuncian
muy lejos de nuestro tronco y  de nuestro follaje,
muy lejos de nuestras raíces.

Nos entierran clavos, nos cuelgan ropa,
nos clavan instalaciones de luz,
alambres, anuncios, lucecitas de colores,
santos, corcholatas y hasta chicles,
que no sólo dañan nuestra integridad,
sino -sobre todo- pisotean nuestra dignidad.
Y cuando construyen una calle o una casa,
nos asfixian de cemento, de arena, de tierra
y luego cortan nuestras raíces, que para salvarnos.

No es fácil vivir en la ciudad.
Y sin embargo, les obsequiamos
todas las maravillas de las cuales somos capaces.

Sólo quisiéramos que en medio del infinito tráfico,
ellos, los seres que se dicen humanos,
hicieran un alto en su vida,
que en verdad sería triste y árida sin nosotros.

Que pensaran en nosotros, los árboles,
que estamos vivos,
y que nos dieran a cambio de lo que reciben
la dignidad que nos merecemos.

 

FORO VECINAL - 29 Y 30 DE AGOSTO 2009, Parque España

Reflexionando sobre la convocatoria a este Foro Vecinal, “S.O.S. Rescatemos nuestros árboles”, de pronto me asaltó una inquietud:  En medio de tanta crisis, tanta preocupación cotidiana, tanto rescate fallido, habrá personas que la considerarán una “llamarada de petate” más.  O quizá no entenderán cuál es la urgencia de rescatar a esos seres impasibles que, bien que mal, cumplen con lo que algunos llaman “servicios ambientales”.  Digamos que es una definición bastante pobre de lo que más bien podríamos describir como “milagros ambientales”.  Los árboles son mucho más que nuestros incondicionales productores de oxígeno.  Nunca sobra recordar que los árboles nos otorgan una infinidad de beneficios, que a veces parecemos olvidar.  Por ejemplo, filtran polvos, cenizas, humos, esporas, polen y otras impurezas que lleva el viento, atrapándolas en sus hojas y tronco; absorben ciertos gases contaminantes; evitan la erosión del suelo y aumentan la filtración del agua; regulan el clima, reduciendo el calentamiento de la atmósfera; aumentan la humedad ambiental; controlan la contaminación por ruido; reducen la velocidad del viento; amortiguan la lluvia; proporcionan sombra y frescura; embellecen el paisaje urbano; crean una sensación de relajamiento y bienestar; combaten el “estrés”; favorecen la recreación y el entretenimiento alrededor de las áreas sombreadas; propician el desarrollo de otros seres vivos, generando biodiversidad.  Beneficios ambientales, estéticos, sociales, culturales y psicológicos, entre otros.  En resumen, la presencia de un árbol está íntimamente vinculada con nuestra CALIDAD DE VIDA. 

Queda entonces claro por qué nos empeñamos en plantar árboles en las ciudades.  Porque queremos atrapar un pedazo de bosque o de selva para tenerlo cerca, para deleitarnos con su belleza.  Sin embargo, es necesario subrayar que un árbol que es voluntariamente plantado en una ciudad no está en su medio natural, ES UN ÁRBOL URBANO, y por lo tanto, está obligado a convivir con las edificaciones, las calles, los cables, las personas.  Y dado que no está en su medio natural, tiene que adecuar sus necesidades a las que la ciudad le ofrece.  Dirán algunos:  “¡Cómo! ¿Qué los árboles tienen necesidades?  ¡Pues que los rieguen!”  Los árboles requieren mucho más que agua para sobrevivir.  Requieren espacio, luz, aire, un suelo rico en nutrientes.  En su medio natural, los árboles resuelven todo esto por sí mismos.  Nos correspondería la obligación de proporcionarles un lugar digno al traerlos a nuestras ciudades.  Pero no.  Llegamos y los plantamos, uno tras otro, SIN ELEGIR LA ESPECIE ADECUADA, en reforestaciones obsesivas que sólo saben de cantidad y no de calidad, y los obligamos a vivir en una cepa de 40 X 40 (aunque su tronco termine por medir 80), asfixiados por el cemento y el pavimento, en un suelo compactado y con un relleno de cascajo, compitiendo por luz y por espacio con los otros árboles y con todo tipo de infraestructura, mobiliario y equipamiento urbanos, padeciendo la contaminación de aire, suelo y agua, la excesiva radiación solar y la ausencia de riego.  Y qué decir del vandalismo.  Por si esto fuera poco, decimos que los podamos, si es que puede llamarse poda a los desmoches de la Compañía de Luz, a los pésimos cortes y desequilibrio que les provocan toda clase de cuadrillas, tanto públicas como privadas, a los impunes destrozos que se cometen para despejar los anuncios publicitarios, al corte indiscriminado de raíces que los convierte en un riesgo en potencia, al sometimiento de cualquier árbol majestuoso para transformarlo en una o varias bolitas.  Nos tienen convencidos de que darle mantenimiento a un árbol consiste en “podarlo”, de preferencia mucho y mal.  Y después de todo esto, ya debilitados, todavía nos sorprende que tengan plagas y enfermedades. 

El deplorable estado de salud de los árboles de la Ciudad de México es consecuencia de muchos años de abandono, que no puede resolverse mediante un decreto y –mucho menos- con nuevas reforestaciones.  El grave problema de muérdago que tenemos, por ejemplo, es sólo una consecuencia más de la indiferencia que ha prevalecido para con los árboles.  No puede aislarse de todos los demás problemas que los aquejan, ni resolverse con la varita mágica de una campaña contra el muérdago.  Sería deseable que se iniciara en toda la ciudad un programa intensivo para el control de esta planta parásita, que se multiplica de manera alarmante, pero en realidad DEBEMOS EMPEZAR POR EL PRINCIPIO. 

Nos queda claro que el problema del arbolado de la Ciudad de México hace tiempo que rebasó a las autoridades, tanto delegacionales como centrales.  En realidad, no hay presupuesto que alcance para tratar de remediar todos los problemas que surgen de un arbolado no planeado.  Se la pasan corriendo detrás de las emergencias y de las “demandas ciudadanas” que –dicho sea de paso- no necesariamente son las más sensatas.  Es triste, pero las peores atrocidades que se cometen contra los árboles las solicitan, las exigen y las aplauden los ciudadanos comunes y corrientes.  De los “programas de poda” ya hemos hablado; tratan a los árboles como a seres inanimados, como si fueran postes o luminarias.  Es inaudito que pasen cuadra por cuadra, parque por parque con una medida predeterminada, quitando ramas mecánicamente, sin reflexionar.  Los árboles son individuos, están vivos, y cada uno tiene necesidades diferentes.  Lo peor es cuando pasa una dependencia que hace “levantamiento de fuste” (invariablemente excesivo), una semana después pasa otra dependencia que –por ejemplo- tiene la consigna de eliminar el muérdago, y lo hace de tal manera que quedan árboles semi-desmochados, todos maltrechos, y por último pasa la Compañía de Luz, que ejecuta un desmoche radical.  Si cada uno de ellos elimina no menos del 25% del follaje, ¿dónde quedó el árbol?

Las únicas otras acciones de gobierno que contemplan a los árboles son prácticas de jardinería que podríamos llamar “una manita de gato”, tales como el cajeteo, el encalado, el aporcado y el barrido continuo del área, prácticas todas estas que resultan sumamente nocivas para los árboles, pero que “dan una imagen urbana limpia”.

El ejemplo extremo, doloroso, es la más reciente obra de construcción del Gobierno de la Ciudad; el Circuito Bicentenario.  Sin cuestionar su eficacia en tanto vialidad, es la obra por excelencia en la que se olvidaron por completo de los árboles.  A los existentes los derribaron, les construyeron encima, los mutilaron, y luego los incluyeron en la flamante escenografía, ahorcándolos de pasto, o asfixiándolos bajo toneladas de tierra, para que formaran parte del más arbitrario “diseño de paisaje” posible.  No hay nada más nefasto para un árbol que tener pasto alrededor de su tronco, debido tanto a la competencia por agua y por nutrientes que se establece entre ellos como al posterior daño irreversible que los jardineros le ocasionan con sus desbrozadoras.  Por lo demás, ni siquiera pensaron en la posibilidad de llevar a cabo, paralelo a una tan magna obra, una también histórica plantación de árboles, de la especie adecuada en el lugar adecuado, para respetar y hacer respetar las Normas Ambientales del Distrito Federal.   
Por cierto, cabe mencionar que existen dos Normas Ambientales que se ocupan del arbolado de la Ciudad de México, pero que desafortunadamente no cuentan con los Reglamentos respectivos que reforzarían su aplicación obligatoria, por lo cual casi nadie las conoce, y quienes las conocen hacen caso omiso de sus recomendaciones.

No es suficiente lo que se está haciendo por los árboles.  Entonces, somos los vecinos conscientes, los bien informados, los que amamos a los árboles, quienes debemos tomar cartas en el asunto para provocar que se empiecen a hacer las cosas de manera correcta.  El objetivo es LA CONSERVACIÓN de nuestros árboles.  Hay que poner un alto a su deterioro.  Pero como se dijo, es necesario empezar por el principio, hay que poner ORDEN.  Primero, debemos saber qué tenemos, con qué árboles contamos, y en qué estado se encuentra, cada uno de ellos.  Llevar a cabo un censo-diagnóstico exhaustivo de los árboles de cada calle, de cada parque, de cada colonia.  Mediante la organización y sistematización de los datos que éste arroje se podrá tener un panorama de la situación general, y se podrá elaborar, entonces sí, un PROGRAMA INTEGRAL DE MANEJO DEL ARBOLADO URBANO, con la consiguiente programación a corto, a mediano y a largo plazo.

El manejo del arbolado urbano es algo serio, y no se puede improvisar.  Es la Arboricultura la ciencia que se encarga de estudiar el manejo de los árboles urbanos.  Contempla desde su producción en viveros, para plantar LA ESPECIE ADECUADA EN EL LUGAR ADECUADO, la plantación correcta de cada individuo, riego, fertilización, aireación, drenaje, el trasplante, el derribo de árboles de riesgo -cuando éste no puede reducirse mediante poda o refuerzos-, el diagnóstico, el manejo de plagas y enfermedades, y la protección de los árboles, en particular de los daños causados por la construcción, ya sea pública o privada.  Hace especial énfasis en una poda impecable, ejecutada por personal altamente capacitado, y en la seguridad en el trabajo con los árboles.

Pero como vemos tan lejano el día en que pueda implementarse un proyecto de tal magnitud en toda la Ciudad de México, y estamos cansados de que todo esto no sea más que un sueño, pero sobre todo estamos empeñados en demostrar que sí es posible revertir la tendencia hacia el deterioro cada vez mayor que muestra el arbolado urbano, queremos plantear, aquí y ahora, que de este Foro Vecinal surja una propuesta concreta para la elaboración de un Programa Integral para el Manejo de los árboles comprendidos dentro del Polígono Roma-Condesa y, por ende, de las áreas verdes en las que se encuentran.

¿Por qué aquí?  ¿Qué nos hace tan especiales?  Pues que tenemos todas las condiciones propicias:  Un polígono definido, con grandes avenidas, parques, plazas, glorietas y jardines, todos ellos profusamente arbolados – y con graves problemas.  El lugar ideal en el que pudiera echarse a andar un programa modelo que pudiera ser replicado posteriormente en otros sitios.  Pero lo más importante es que contamos con la presencia –y esperamos que también con la participación y el compromiso- de vecinos, autoridades, empresas responsables, y con los especialistas del tema.  Este acuerdo no funcionaría, simple y llanamente, si faltara alguna de las partes.

La propuesta está en el aire.  Corresponde a cada una de las cuatro partes determinar si están dispuestas a asumir el compromiso.          

Muchas gracias.                                                                           Diana Marchal

 

 

Arranca la poda fitosanitaria de árboles del Parque Melchor Ocampo

El Ing. Javier Bolaños Aguilar, titular de la Comisión Estatal del Agua y Medio Ambiente (CEAMA) en coordinación con la empresa "Arboricultura y Jardinería S. A." dio inicio a los trabajos de poda fitosanitaria a los más de 800 árboles que se encuentran en el Parque Melchor Ocampo con una inversión superior a los 300 mil pesos. Los trabajos incluyen quitar troncos y ramas muertas de los árboles, así como la limpia de ramas y partes bajas de los mismos; el objetivo es rescatar aquellos árboles que debido a los años de vida, al descuido y abandono se encuentran en peligro de desaparecer. Comprometido con los morelenses para restituir este importante e histórico jardín que forma parte ron satisfechos hasta el momento con los avances en esta materia y comentaron que seguirán vigilando los trabajos de remodelación que beneficiarán no sólo el entorno ecológico sino la salud de todos.

Porqué contratar a un arborista (Why Hire an Arborist)

Un arborista es un especialista en el cuidado de los árboles. Los arbolistas saben de las necesidades de los árboles y están entrenados y equipados para proporcionarles un buen cuidado. La decisión de contratar a un arborista no debe tomarse a la ligera. El cuidado adecuado de los árboles es una inversión que puede rendir ganancias sustanciales en un futuro. Los árboles bien cuidados son atractivos y pueden añadir un valor considerable a su propiedad. Los árboles mal mantenidos pueden resultar en una responsabilidad significativa. La poda y la tala de árboles, en especial de los grandes, pueden ser trabajos peligrosos. El trabajo en árboles debe ser realizado sólo por personas con el entrenamiento y equipo necesarios para trabajar de forma segura sobre los mismos.

Servicios que puede proporcionar un arborista Los arboristas pueden brindar una variedad de servicios para ayudar a mantener su valiosa inversión.

1. Poda. El arbolista puede determinar qué tipo de poda es necesaria para mantener o mejorar la salud, apariencia y seguridad de sus árboles. Dichas técnicas incluyen: Eliminación de ramas que se rozan unas a otras. Eliminación de ramas que interfieren con cables de servicios públicos, fachadas de edificios, canalones, tejados, chimeneas o ventanas, o que obstruyen calles o aceras. Eliminación de ramas muertas o débiles que representan un riesgo o pueden dar inicio a pudrición. Eliminación de ramas irreversiblemente enfermas o infestadas por insectos. Mejoramiento de la estructura del árbol para disminuir la resistencia al viento y el potencial de daños por tormentas. Formación de árboles nuevos. Eliminación de ramas dañadas por condiciones climatológicas adversas. Aclareo o corte de ramas innecesarias. Mejoramiento de la forma o silueta del árbol.

2. Apeo. A pesar de que el apeo es la última alternativa, existen circunstancias en las que es necesario. Un arbolista puede ayudar a decidir si un árbol debe o no ser derribado. Los arbolistas tienen las destrezas y el equipo para talar árboles de una forma segura y eficiente. Se recomienda cortar el árbol por completo cuando:

Está muerto o moribundo. Se considera un riesgo irreparable. Está causando una obstrucción imposible de corregir a través de la poda. Se está amontonando y causando daños a otros árboles. Debe ser reemplazado por otro de una especie más adecuada. Debe eliminarse para permitir una nueva construcción.

3. Cuidado urgente del árbol. Las tormentas pueden causar la falla de ramas o de árboles enteros, que a menudo caen sobre casas, coches, otras estructuras u otros árboles. El peso de los árboles dañados por tormentas es grande y puede ser muy peligroso el talarlos o podarlos. Un arbolista puede ayudar a realizar el trabajo de una manera segura, reduciendo el riesgo de tener más daños en su propiedad.

4. Plantación. Algunos arbolistas plantan árboles y la mayoría pueden recomendar el más apropiado para un lugar específico. El árbol equivocado en el lugar erróneo puede ser el inicio de problemas futuros debido a espacio limitado para su crecimiento, plagas, enfermedades o crecimiento pobre.

5. Otros servicios. Muchos arbolistas también proporcionan otros cuidados para árboles, que incluyen: Práctica del cuidado de la salud de las plantas (PHC, por sus siglas en inglés), un concepto de mantenimiento preventivo para conservar a los árboles con una buena salud, que los ayudará a autodefenderse mejor contra plagas, enfermedades y problemas del sitio. Fertilización. Cableado e instalación de pernos para incrementar el soporte de las ramas con uniones débiles. Aireación para mejorar el crecimiento de las raíces. Instalación de pararrayos. Aplicación e inyección de substancias para controlar ciertos problemas de plagas y enfermedades.

Selección del arborista adecuado para el trabajo. Hay diversas cosas que considerar al seleccionar un arborista, entre las que se incluyen:

La afiliación a organizaciones profesionales como la Sociedad Internacional de Arboricultura (ISA, siglas en inglés), la Asociación Nacional de Arbolistas de los Estados Unidos (NAA, siglas en inglés) o la Sociedad Americana de Arbolistas Consultores (ASCA, siglas en inglés), demuestra la voluntad del arbolista de mantenerse al día en las últimas técnicas e información. Los arbolistas certificados son profesionales con experiencia que han aprobado un examen intensivo sobre toda la materia del cuidado del árbol. Recuerde que el cuidado del árbol es una inversión sustancial de larga duración

Desconfíe de gangas por la realización del trabajo en árboles. El cuidado inadecuado de los árboles puede tomar muchos años para que se autocorrija y en algunos casos esto nunca sucederá. ¿Está dispuesto a correr el riesgo con una inversión de valor? Los buenos arboristas sólo realizarán prácticas aceptadas. Por ejemplo, prácticas como el desmoche, la eliminación de una cantidad excesiva de madera viva, el uso de espuelas de trepa en árboles que no van a ser talados y la eliminación o mutilación de árboles vivos sin una causa justificada, resultan innecesarias. No acepte siempre el presupuesto más bajo. Usted debe examinar las credenciales y las especificaciones escritas de las compañías que presenten las ofertas y determinar la mejor combinación de precio, trabajo que se realizarará, habilidad y profesionalismo, para proteger su importante inversión.

¿Qué es un arborista certificado? La definición de arborista es una persona entrenada en el arte y la ciencia de la plantación, cuidado y mantenimiento de árboles individuales. La certificación de arborista por la ISA es un proceso voluntario no gubernamental mediante el que las personas pueden documentar su conocimiento básico. Funciona sin regulación legal y es un instrumento autoregulado e interno, administrado por la Sociedad Internacional de Arboricultura (ISA). El certificado proporciona una valoración mensurable del conocimiento y la competencia de un individuo, requeridos para proporcionar un cuidado adecuado del árbol.

Los arboristas certificados son personas que han alcanzado un nivel de conocimiento en el arte y la ciencia del cuidado de los árboles a través de un mínimo de tres años de experiencia, y que han pasado un extenso examen desarrollado por algunos expertos nacionales en la materia. Los arboristas certificados también deben continuar su educación para mantener su certificación. Por lo tanto, deben actualizarse en las últimas técnicas de arboricultura.

Desarrollado por la ISA, organización sin ánimo de lucro que apoya la investigación del cuidado del árbol en todo el mundo y dedicada al cuidado y preservación de los árboles ornamentales y de sombra. Para más información diríjase a: ISA, P.O. Box 3129 Champaign, IL 61826-3129, USA. Publicado originalmente como Why Hire an Arborist © 1998 International Society of Arboriculture

Traducción al español: Luis A. Moreno, biólogo-arbolista de Zaragoza, España y Jordi i Chueca, arquitecto paisajista de Barcelona, España. Editado por Iris Magaly Zayas, bióloga, especialista en forestación urbana, USDA Forest Service, Atlanta, Georgia. © 2002 International Society of Arboriculture

 

LOS INCONVENIENTES DEL ENCALADO DE LOS ÁRBOLES

Por: Daniel Rivas Torres Mayo 21 de 2004.

Arborista Certificado ISA[1] http://www.rivasdaniel.com/index.html

 

El encalado del tronco de los árboles se realiza aún en muchas zonas de la Ciudad de México, como una práctica heredada de la fruticultura donde puede ayudar a los árboles recién plantados, injertados o podados para proteger al tronco de las radiaciones solares. También se realiza con el argumento de mejorar la visibilidad de los árboles para los automovilistas, principalmente cuando son de alineación. Otra razón es que con el encalado se protege al árbol del daño por hormigas, plagas y enfermedades. También se dice que es muy “estético” y da la impresión de que los árboles están “bien cuidados”.

Realmente, el encalado es más lo que perjudica que lo que beneficia a los árboles. Lo que puede estar sucediendo actualmente es que la práctica del cuidado de los árboles sigue estando en manos de los jardineros, que realizan con ellos actividades relacionadas más con la agricultura y la forestería que con la arboricultura (aporque, encalado, cajeteo, barrer debajo de la copa, desmoche, construir arriates alrededor del tronco, plantación inadecuada, sobredensidad, son algunos ejemplos). También tiene que ver con la baja capacitación del personal técnico y operativo dedicado al cuidado de las áreas verdes. La arboricultura no figura en su currículum.

 

Aún no aparecen los arboricultores, arbolistas o arboristas dedicados al cuidado del árbol urbano. La arboricultura es la ciencia y el arte del cuidado de los árboles, arbustos y enredaderas en ambientes urbanos, con más de 100 años de trabajo de investigación. Sin embargo, aún se desconoce en nuestro medio.

 

Entre los inconvenientes del encalado del tronco de los árboles tenemos:

 

La pintura o cal que se emplea para el encalado se lava con las lluvias, se disuelve y baja al suelo lixiviándose. Al llegar esta cal al suelo, disuelta en agua, tiene la propiedad de elevar el pH del mismo. El pH es una de las medidas de la capacidad que tiene el suelo de facilitar el intercambio de minerales y hacer que éstos sean absorbidos por las raíces finas de las plantas. Un valor ideal de pH oscila entre 6 y 6.5. Al elevarse el pH, el suelo se hace más alcalino; el hierro por ejemplo, un mineral indispensable para el desarrollo sano del árbol, es retenido químicamente y ya no puede ser tomado por las raíces. Si el suelo es de por sí alcalino, como sucede en muchas zonas de la ciudad, con el encalado acabamos de empeorar la situación y afectamos más a los árboles y otras plantas. El encalado conduce a que el árbol experimente una enfermedad que se llama “clorosis inducida por cal”, cuyos síntomas son el amarillamiento del follaje y la pérdida de la capacidad para realizar la fotosíntesis, el proceso de elaboración de su propio alimento. En pocas palabras, el encalado hace que el árbol muera de hambre.

 

Los árboles son seres vivos, son la mejor expresión de la naturaleza dentro de la ciudad; merecen todo nuestro respeto y atención, nos brindan gran cantidad de servicios ambientales. No deben ser pintarrajeados y empleados como señales de tránsito. Existen otros medios para enseñar al automovilista la ruta por donde debe transitar.

 

Los árboles son una maravilla biológica, llevan más tiempo que nosotros sobre la tierra y están adaptados con una corteza en su tronco y ramas lo suficientemente gruesa y fuerte para mantenerse interiormente frescos y protegidos. No requieren que se les “ayude” con pinturas. Además, los árboles necesitan respirar y por el tronco lo hacen a través de unas aberturas especiales llamadas lenticelas. El encalado los quema y los ahoga taponando estos poros.

 

Las plagas y las enfermedades tienen muchas vías de dispersión, diferentes a trepar por el tronco. El viento y el agua son sus principales vehículos de propagación. Es un engaño pensar que con el encalado se evita que un árbol se enferme.

 

Qué más estético que un árbol sano, fuerte y vigoroso, con un tronco que enseñe su corteza intacta, color y aspecto característico. En las grandes ciudades del mundo, con árboles bellos y espectaculares, no se practica el encalado. El encalado es un indicador de baja cultura en el cuidado de los árboles.

 

Todos los recursos de personal, materiales y herramientas empleados actualmente en el encalado deberían servir para realizar con los árboles las prácticas que realmente necesitan:

 

  • aireación del suelo

  • fertilización

  • mulching

  • riego

  • manejo de la salud del árbol (no aplicación indiscriminada de pesticidas)

  • poda (no desmoche)

  • colocación de refuerzos

  • trasplantes

  • infraestructuras para su instalación y plantación

  • diseño y construcción de sistemas de respiración y drenaje

  • instalación de pararrayos

  • protección en las construcciones

  • reducción de la competencia de otras plantas y árboles

  • diagnóstico profesional para saber qué hacer con el problema del árbol

  • derribo cuando estén muertos o constituyan un riesgo

 

El tríptico llamado “Arbolado Urbano, recomendaciones para su cuidado” presenta algunas alternativas.

 

Para hacer lo que se debe con los árboles de la ciudad, más que dinero se requiere coordinación y buena voluntad para hacer las cosas bien, para que perduren y algún día tengamos árboles de calidad. También se necesita la capacitación del personal técnico y operativo encargado de cuidar a los árboles. Mientras no tengamos estos ingredientes sería mejor no hacerles nada, no “ayudarles”. Si quienes ahora pretenden cuidarlos entendieran el lenguaje de los árboles, les sentirían decir: ¡no me ayudes compadre!

 

ARBOLADO URBANO RECOMENDACIONES PARA SU CUIDADO

Por: Daniel Rivas Torres Arborista Certificado de la International Society of Arboriculture http://www.rivasdaniel.com/index.html

 

Introducción.- Los árboles en la ciudad se encuentran sometidos al denominado estrés ambiental, caracterizado por factores como: contaminación de suelo, agua y aire, compactación del suelo, poca disponibilidad de agua, aire y minerales (necesarios para fabricar su propio alimento), falta de espacio en la parte aérea y en la raíz, modificación en los patrones de drenaje, iluminación y clima, maltrato por parte de los transeúntes, y manejo inadecuado de quienes se supone deben conocer las técnicas y herramientas apropiadas para cultivarlos.

 

Existe un buen número de prácticas que la Arboricultura moderna recomienda, posibles de realizar rutinariamente con la participación voluntaria de los ciudadanos, que seguramente redundarán en el mejoramiento de las condiciones para el crecimiento de los árboles, respondiendo ellos con mayor vigor y salud, y por lo tanto, con el aporte de todos sus beneficios ambientales, recreativos y estéticos.

Clases de árboles.- Para efectos de las prácticas rutinarias de mantenimiento, los árboles se pueden clasificar en dos categorías: jóvenes y maduros. Los árboles jóvenes son aquellos con menos de 5 años de plantados y árboles maduros los que llevan más de cinco años.

 

Poda.- Dos son las recomendaciones más importantes a tener en cuenta:

a) no elimine más de la tercera parte del volumen total de la planta en una sola intervención;

b) nunca corte sin dejar una rama lateral o tirasavia que cumpla la función terminal. Para los árboles jóvenes se practican las llamadas podas de formación, que consisten en eliminar únicamente las ramitas secas, corregir las ramas codominantes (aquellas de igual tamaño que compiten como líder) y eliminar chupones (brotes verticales). Se utilizan principalmente las tijeras de mano y el serrote curvo. Cualquier época es apropiada para llevar a cabo esta práctica. Existen otras podas que buscan principalmente la distribución de las ramas a lo largo y alrededor del tronco, pero se recomienda su ejecución por parte de personal capacitado.

 

Para los árboles maduros la poda más común es la sanitaria, consistente en eliminar todas las partes muertas y secas del árbol; también la remoción de ramas plagadas, ramas enfermas y plantas parásitas. Es fácil de ejecutar y se emplea principalmente un serrote como herramienta de corte. Existen otras podas como la de limpieza de copa, aclareo, elevación de copa, reducción de copa y restauración, que se practican en casos específicos por parte de personal entrenado.

No se recomienda el uso de selladores o pinturas para cubrir las heridas resultantes de las podas.

Aireación del suelo.- Se ejecuta con los árboles maduros plantados en lugares transitados donde el suelo está sin pasto, compactado, impidiendo la circulación de aire y agua al interior del sistema de raíces. Debe dejarse libre 30 cm a nivel alrededor del tronco, sin removerse, ni hacer cajete, ni amontonar suelo, ni colocar pasto u otras plantas, y tampoco regarse. El resto de la superficie libre bajo la copa debe aflojarse con el empleo de un pico, golpeando suavemente sin que la punta penetre muy profundamente. Luego con un rastrillo terminar de romper los terrones grandes y emparejar el terreno. Una vez realizado esto se riega bastante hasta que el agua se encharque. En los sitios donde la zona de raíces esté cubierta de pavimento o pasto, pueden emplearse otras técnicas de aireación ejecutadas por una empresa especializada en el cuidado de los árboles. Cualquier época es buena para realizar esta actividad, pero se recomienda hacerla antes del inicio de las lluvias. Fertilización.- Es la continuación de la actividad anterior. Existen dos clases de fertilizantes: orgánicos e inorgánicos. Cualquiera puede resultar beneficioso. La cantidad dependerá de la clase de fertilizante a emplear. Es más fácil conocer la composición química de los fertilizantes inorgánicos. Los orgánicos tienen la ventaja de mejorar también la estructura y porosidad del suelo. El Nitrógeno es el mineral que más requieren las plantas y que si se aplica rutinariamente (cada año) no hay riesgo de afectarlas. Se recomienda aplicar de 1 a 2 kilogramos de N por cada 100 metros cuadrados de superficie bajo la copa. También la fórmula de 50 a 100 gramos de N por cada cm de diámetro del tronco. Se usará más nitrógeno con los árboles jóvenes que con los maduros, más con las especies caducifolias que con las coníferas y más en los suelos gruesos de textura arenosa que en los finos arcillosos. Si por ejemplo se emplea el triple 17 para fertilizar una jacaranda joven, creciendo en un suelo grueso en una superficie de 10 metros, se requerirá 1 kilo de triple. El método de aplicación más práctico y económico es el de aspersión superficial cuando el fertilizante es granular (como el triple 17). Se distribuye uniformemente al voleo en toda la superficie sin que toque el tronco. Luego se riega abundantemente. Existen otros métodos como el de perforación de agujeros, inyección líquida, aplicación foliar, implantes e inyecciones al tronco, que requieren la intervención de una empresa Especializada. La época más apropiada para fertilizar es a los inicios de la primavera.

 

Mulching. Consiste en cubrir el suelo bajo la copa del árbol con un material o cobertura llamado mulch. Existen dos clases de mulch: orgánico e inorgánico. Los mulch orgánicos son la corteza de árbol, astillas de madera, ramas trituradas, hojarasca, compost, pasto seco, paja, y en general cualquier material que se descomponga. Los mulch inorgánicos son por ejemplo: tabiques con orificios (adopasto), tezontle, grava, piedra chica, y arena. Cada uno tiene sus ventajas dependiendo de la situación. En el caso de los orgánicos se recomienda colocar una capa de 7.5 a 12 cm de grosor alrededor del tronco, ojalá hasta la línea de goteo. Para los árboles jóvenes debe dejarse sin mulch de 2.5 a 5 cm alrededor del tronco. Para los maduros de 5 a 10 cm.

Existen otras prácticas como el mulching vertical, pero se requiere el empleo de equipo especializado. No se recomienda la práctica del encalado del tronco de los árboles debido a que esto ocasiona un problema denominado “clorosis inducida por cal”, que eleva el pH del suelo limitando así la disponibilidad de hierro para la planta.

 

Otras prácticas de cuidado de los árboles.- La Arboricultura cuenta con un arsenal de actividades a ejecutar con los árboles con el fin de resolver las diferentes situaciones que se presentan como resultado del estrés crónico en que se encuentran. Entre las más importantes tenemos:

Manejo de plagas y enfermedades. Colocación de refuerzos y protección: cables, pasadores, puntales y pararrayos. Protección en las construcciones: sistemas de aireación, terrazas, islas y pozos. Reparación de lesiones y cavidades. Infraestructura para instalación de los árboles en áreas pavimentadas. Trasplante de grandes especies.

 

Arboricultura Urbana y Paisajes S. de R.L. y C.V.

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